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Carlos III: despotismo suave

Carlos III, fue rey de Nápoles (1734-1759) y de España entre 1759 hasta su muerte en 1788. Hijo de Felipe V y de su segunda esposa Isabel de Farnesio pertenecía a la Casa de Borbón. Tras un cuarto de siglo de reinado en Italia llegó a Madrid el 9 de diciembre de 1759.

Fue un ferviente católico, de físico poco agraciado (cara estrecha, nariz prominente, baja estatura…), enamorado de su mujer María Amalia, que perdió al año de llegar a Madrid y padre de trece hijos, entre los cuales el futuro Carlos IV.

Su amplia educación, como se acostumbraba para un monarca, abarcaba la formación religiosa, humanística, idiomática, militar y técnica se combinaría durante años con el aprendizaje cortesano, como el baile, la música o la equitación.

Mantuvo una vida sobria y regulada, marcada en lo diario por el rezo, la caza, cuando no se ocupada de la familia o de los asuntos de Estado. Los espectáculos, la ópera o la música no formaban parte de su agenda habitual.

Desde el punto de vista político, se podría considerar que oscilaba entre un idealismo moderado y el pragmatismo político. Su convicción en la superioridad de la monarquía era absoluta, pero a la vez, buscaba un mayor bienestar del pueblo y, en el plano internacional, una presencia más acentuada del imperio español.

Su amor por la caza, que practicaba casi a diario, no le impedía llevar en primera persona los asuntos más delicados de gobierno. Escogía cuidadosamente a sus ministros, como de Wall, Grimaldi, Esquilache, Campomanes, Floridablanca o Aranda; a todos escuchaba, aunque  mantenía la decisión final. Con un equipo sólido, fueron numerosas las reformas acometidas.

En el tablero internacional, Carlos III se alineó con Francia para contrarrestar el poder de Gran Bretaña. Para cubrir las finanzas creó el Banco de San Carlos (primer banco del Estado). Acotó los poderes de Inquisición y ordenó la expulsión de los Jesuitas en 1767. Mediante el libre comercio de granos y la creación de huertos experimentales, dio un impulso a la agricultura.

También marcó con su sello en el ámbito educativo y artístico. En este sentido, abrió los Estudios de San Isidro (1770), un centro de enseñanza media destinado a servir de modelo. También se debe a él la creación de la Orden de Carlos III, cuyo objetivo era premiar el mérito personal, al margen de los títulos nobiliarios. Construyó el Museo del Prado (museo de las Ciencias en su inicio) o el Jardín Botánico. Igualmente, fue bajo su mandado que se realizaron obras de saneamiento y edificios amplios en la capital para albergar a los organismos públicos. Contamos también en el haber del rey las manufacturas reales para subvenir a las necesidades de la Monarquía (cañones, pólvora, armas blancas, cristal, porcelana).

En definitiva, Carlos III representa el despotismo ilustrado. A su muerte, en 1788, la Revolución Francesa estaba asomando. Los nuevos aires no fueron del agrado de su sucesor Carlos IV, quien abrió un periodo más conservador… y a sucesivas revueltas tras la invasión gala.

Si quieres saber más acerca del monarca ilustrado y de los avances que aportó, no te pierdas la exposición en el Museo de Historia de Madrid, calle Fuencarral, 78, con motivo del tercer centenario del nacimiento de Carlos III (hasta el 29 de abril).