Sobre Gastronomía & Vinos

Sobre Historia

DIOS, ¡qué mesa!

Imaginemos que recorremos Toledo, allá por el siglo X. En nuestro paseo, trabamos amistad con un judío, un musulmán y un cristiano. Entonces, ¿qué mejor manera de celebrarlo que compartiendo una comida? Sin embargo, a la hora de abrir la carta, nos pueden surgir unas cuantas preguntas: ¿qué carne puedo pedir? ¿Todos pueden comer pescado? Y en cuanto al vino, ¿todos podrán beber?

Para aclarar cualquier duda y tener la fiesta en paz, demos un breve repaso a principales restricciones que las tres religiones monoteístas imponen a sus fieles.

Para los judíos (nos referiremos siempre a los ortodoxos practicantes), antes de llegar al plato, cada producto ha sido tratado de una manera especial y adecuada para que se le pueda denominar kosher, es decir, saludable, limpio, apto para su consumo. Ante todo, hay una advertencia general: “No comerás nada abominable.” (Dt 14,3). A continuación, se enumeran los animales permitidos, entre los cuales, buey, vaca, ternera, cordero y oveja. Como regla general, “podéis comer cualquier animal rumiante que tenga la pezuña partida y hendida en dos partes.” (Dt 14,6). Al no cumplir esta doble condición, quedan excluidos, entre otros, el cerdo, el perro, el gato, el caballo, la liebre o el conejo. Tampoco deberemos ingerir carnes procedentes de animales enfermos o muertos (Dt 14, 21).

Una vez escogido el animal, todo el proceso de sacrificio tiene que ser llevado a cabo por un rabino matarife. En este punto, uno de los elementos más importantes es el desangrado del animal, la eliminación de la grasa que recubre los órganos, así como del nervio ciático.

Torá

Torá

Múltiples recomendaciones se aplican igualmente a todo el proceso de preparación. Se tendrá igualmente cuidado en no mezclar la leche y la carne, según se advierte en varios pasajes del libro sagrado (Dt 14,21; Ex 23, 19; Ex 34,26). El vino, símbolo de Israel, también habrá sido elaborado siguiendo una metodología especial practicada por manos judías.

Cuando la comida está lista, antes del primer bocado se procede a la bendición de los distintos manjares, entre ellos el pan y el vino, finalizando con una bendición general. Minuciosas y estrictas, estas costumbres guardan sin embargo algún parecido con las musulmanas.

Mirando a La Meca

Al igual que los judíos, los musulmanes siguen un criterio para determinar qué es halal, es decir, apto para todo musulmán. El Corán recoge en varios pasajes los alimentos a evitar: “Os he prohibido solo la carne mortecina, la sangre, la carne de cerdo y la de todo animal sobre el que se haya invocado un nombre diferente del de Dios. Pero si alguien se ve compelido por la necesidad –no por deseo o afán de contravenir– no peca.” (Corán 2:17).

Igualmente, la intención es esencial. Dedicar el animal a Dios significa que el sacrificio no responde a un simple deseo de matar al animal, sino que se ha ejecutado con un fin concreto. Por el resto, se considera un principio básico de esta fe, que todo lo que no está prohibido, queda permitido.

Corán

Corán

Respecto al vino, aunque el Corán reconoce en principio que esta bebida aporta beneficios y perjuicios (2:219), finalmente lo prohíbe, dado que “te aparta de la oración.”(5:90-91). Sin embargo, en el Paraíso, la suerte de los bienaventurados cambia; entre otras cosas, encontrarán: “arroyos de vino.” (47:15).

Por lo tanto, el vino queda excluido del Islam, pero forma parte de los ritos judíos y cristianos, aunque entre estos dos últimos credos hay claras diferencias en lo que a comida se refiere.

El Cristianismo: barra libre

“Lo que entra por la boca no mancha al hombre; lo que sale de la boca es lo que le mancha.” (Mt, 15, 10-20). Este texto y otros similares son considerados como una de las grandes rupturas del Nuevo Testamento respecto al Antiguo: de nada sirve seguir unas normas si la maldad se anida dentro del hombre. San Pablo, posteriormente, insistirá también en este aspecto (Tim 4, 1-5).

Será solo más adelante cuando la Iglesia impondrá ciertas normas, por ejemplo, no consumir carne los viernes, mantener el ayuno los miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Estas renuncias nos sirven para recordar el martirio del hijo de Dios.

El vino, por su parte, ocupa un lugar central en el testimonio de Jesús, comenzando por la transformación del agua en vino en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11). En la última cena, Jesús declara: “Esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama sobre vosotros.” (Lc 22, 20-21). Símbolo de vida eterna, la Eucaristía nos recuerda la unión íntima con Dios.

Nuevo Testamento

Nuevo Testamento

Volvamos de nuevo a la mesa que estamos compartiendo con nuestras nuevas amistades. Si no queremos herir sensibilidades, lo mejor sería seguir las reglas kosher que siendo las más restrictivas no resultan incompatibles con las del resto. En cambio, en una cosa sí habrá que tener cuidado, si dos de los comensales podrán llenar su copa de vino, la tercera quedará vacía; ¿adivinas cuál?

Si quieres saber más acerca de estas tres culturas y deleitarte con una comida con guiños a las tres creencias, apúntate a nuestra excursión el sábado 11 de junio, “Toledo: olvida todo lo que te han contado”. Nos guiará el arqueólogo, profesor y especialista Óscar Blázquez. Descubriremos a través de monumentos e infinidad de anécdotas cómo vivían y pensaban los árabes y demás habitantes de villa del Al-Ándalus a finales del primer milenio.

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