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DIOS, ¡qué mesa!

Se acercan las Navidades… época de desplazamientos tanto fuera como dentro del país. Esta pausa festiva resulta una buena oportunidad para conocer lugares escondidos, culturas distintas y gente nueva. Imaginemos que al filo de nuestros encuentros, trabamos amistad con un judío, un musulmán y un cristiano. Entonces, ¿qué mejor manera de celebrarlo que compartiendo una comida? Sin embargo, a la hora de hacer la comanda, nos pueden surgir unas cuantas preguntas: ¿qué carne puedo pedir? ¿Todos pueden comer pescado? Y en cuanto al vino, ¿quién podrá beber?

 Para empezar esta amistad con buen pie, demos un breve repaso a principales restricciones que las tres religiones monoteístas imponen a sus fieles.

Para los judíos (nos referiremos siempre a los ortodoxos practicantes), antes de llegar al plato, cada producto ha sido tratado de una manera especial y adecuada para que se le pueda denominar kosher, (o kasher, según la tradición sefardí), es decir, apto para su consumo. Las normas son muy detalladas, tomaremos aquí lo más relevantes.

saú vendiendo su primogenitura, H. Brugghen

Saúl vendiendo su primogenitura, H. Brugghen

Por ejemplo, solo se podrá consumir la carne de un animal de uña hendida y que sea además, rumiante. Así, están permitidos buey, vaca, ternera, cordero y oveja. Quedan excluidos, en cambio, cerdo, perro, gato, caballo, liebre o conejo, entre otros, así como carnes procedentes de animales enfermos o muertos. Todo el proceso de sacrificio del animal tiene que ser llevado a cabo por un rabino matarife.  Igualmente, hay que seguir unas recomendaciones en todo el proceso de preparación. Se tendrá igualmente cuidado en no mezclar la leche y la carne, según se advierte en varios pasajes del libro sagrado (Dt 14,21; Ex 23, 19; Ex 34,26). El vino, por su parte, también habrá sido elaborado siguiendo una metodología especial llevada a cabo por manos judías.

 

Una vez lista la comida, antes del primer bocado se procede a la bendición de los distintos manjares, entre ellos el pan y el vino, finalizando con una bendición general.

Minuciosas y estrictas, estas costumbres guardan sin embargo algún parecido con las musulmanas.

Mirando a La Meca

Al igual que los judíos, los musulmanes siguen un criterio para determinar qué es halal, es decir, apto para todo musulmán. El Corán recoge en varios pasajes los alimentos a evitar: “Os he prohibido sólo la carne mortecina, la sangre, la carne de cerdo y la de todo animal sobre el que se haya invocado un nombre diferente del de Dios. Pero si alguien se ve compelido por la necesidad –no por deseo o afán de contravenir– no peca.” (Corán 2:17).

Igualmente, la intención es esencial. Dedicar el animal a Dios significa que el sacrificio no responde a un simple deseo de matar a la presa, sino que se ha ejecutado con un fin concreto. Por lo demás, la fe musulmana considera que todo lo que no está prohibido, queda permitido.

Respecto al vino, aunque el Corán reconoce en principio que esta bebida aporta beneficios y perjuicios (2:219), finalmente, lo prohíbe dado que te aparta de la oración”. (5:90-91). No obstante, en el Paraíso, la suerte cambia, ya que los bienaventurados encontrarán, entre las múltiples delicias, “arroyos de vino.” (47:15).

uva MERLOT

Conclusión: el vino queda excluido para nuestro invitado musulmán. Pasemos ahora al comensal cristiano, quien repasa la carta, seguro de que su fe no le prohibirá prácticamente nada. Y en efecto…

El Cristianismo: se levantan las prohibiciones

Lo que entra por la boca no mancha al hombre; lo que sale de la boca es lo que le mancha.” (Mt, 15, 10-20). Este texto y otros similares son considerados como una de las grandes rupturas del Nuevo Testamento respecto al Antiguo: de nada sirve seguir unas normas si la maldad se anida dentro del hombre. San Pablo, posteriormente, insistirá también en este aspecto (Tim 4, 1-5).

Será solo más adelante cuando la Iglesia impondrá ciertas normas: no consumir carne los viernes, mantener el ayuno los miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Estas renuncias nos sirven para recordar el martirio del hijo de Dios.

El vino por su parte, ocupa un lugar central en el testimonio de Jesús. Comenzando por la transformación del agua en vino en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11). En la última cena, Jesús declara: “Esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama sobre vosotros” (Lc 22, 20-21). Símbolo de vida eterna, la Eucaristía nos recuerda esa unión con Dios.

Volvamos de nuevo a la mesa que estamos compartiendo con nuestras nuevas amistades. Si no queremos herir sensibilidades, lo mejor sería seguir las reglas kosher que siendo las más restrictivas no resultan incompatibles con las del resto. En cambio, en una cosa sí habrá que tener cuidado, si dos de los comensales podrán llenar su copa de vino, la tercera quedará vacía… ¿adivinas cuál?

Si quieres saber más

Muchos artistas recogen en sus pinturas la gastronomía y las costumbres de una época. En la visita guiada que proponemos no aparece mencionado específicamente las costumbres de alimentación religiosa, pero sí mucho otros episodios de la mesa y su cultura. Si quieres saber más sobre La gastronomía en la pintura, mándanos un MAIL y te comunicaremos cuándo celebramos este evento. Complementamos la visita guiada con Taller de cocina especial. Hasta pronto.

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