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El hombre perfectamente… perdido

Se trata de una de las obras más conocidas de Leonardo da Vinci (Vinci, 1452​-Amboise, 1519). Representa las proporciones calculadas de manera matemática, de modo que el cuerpo se inserta en los patrones geométricos fundamentales del orden cósmico, a saber el cuadrado y el círculo. Incluso el ombligo se halla en medio de la esfera. En el texto al pie de la imagen, el autor detalla este sistema de medida.

Sin embargo, él no fue el creador. De hecho, se le llama “El hombre de Vitruvio” porque el dibujo se inspira en el tratado de arquitectura antigua de Vitruvio (ca. 80-70 a.C.-15 a.C.), arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano.  El considerado como uno de los padres de la arquitectura, afirmaba que el cuerpo humano podía emplearse como unidad de medida para el diseño de edificios.

Un cálculo, no obstante, de difícil aplicación. ¿Qué persona en la realidad posee las proporciones perfectas? Leonardo, anatomista practicante de las disecciones, seguramente lo sabía.

El Hombre de Vitruvio, detalle

Pero nos situamos en el Renacimiento, cuando impera el ideal griego del equilibrio. A través de este dibujo Da Vinci ilustra la filosofía humanista del momento, donde el Hombre es la medida de todas las cosas, momento en que descubre su unicidad y su lugar privilegiado en el Universo. Una visión que, no obstante, la astronomía desbaratará.

Poco más de un siglo después, en 1633, otro italiano de renombre universal, Galileo Galilei (1564-1642) confirmaba el sistema copernicano, dando un vuelco al orden del universo: es el Sol que permanece estático y la Tierra la que gira alrededor. El Hombre no se sitúa en el centro de la Creación.

Entonces, el perfecto y equilibrado Hombre de Vitruvio se cubre de misterio. Al contemplarlo surgen varias preguntas: ¿la belleza debe ser un ideal que nos guía o al contrario, debemos dejarlo de lado para buscar la particularidad y la imperfección de los cuerpos? Y si hemos perdido nuestro lugar central en el Cosmos, ¿dónde nos situamos? Una posible reflexión, sorbiendo un frío refresco en una tranquila playa, mientras contemplamos las olas en este tórrido verano.

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