Sobre Cultura francesa

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El rey enclaustrado

Francia, época revolucionaria. Afán político e intriga policial se mezclan en el destino de Luis XVII. Hijo de Luis XVI y María Antonieta, el pequeño fue encarcelado y abandonado a su suerte. En 1795 muere de tuberculosis en la celda. Pero remontemos unos años atrás para saber por qué llegó ahí.

En 1789 estalla la Revolución Francesa, el pueblo tomó el poder y la monarquía debía desaparecer. En un clima de persecución muchos nobles huyeron del país, incluido Luis XVI. Pero en su intento de fuga, la familia real fue arrestada en Varennes, al este del país, la noche del 21 de junio de 1791; devuelta a París, el monarca, su mujer e hijos fueron encarcelados en el Temple el 12 de agosto de 1792. La torre del Temple perteneció en su época a los templarios y tras un periodo en desuso el lugar fue rehabilitado para la ocasión. En un primer momento el niño se alojó en los apartamentos del padre; pasará al cuidado de su madre tras el juicio y decapitación del rey el 21 de enero de 1793. Sin embargo, las autoridades revolucionarias reservaban la misma suerte a la reina, que murió en la guillotina en el 16 de octubre del mismo año.

María Antonieta, madre de Luis XVII

El infante, siempre en el Temple, quedará al cuidado de un instructor especial, el zapatero Simon. Nuevo cambio de escenario: a los pocos meses, el preceptor dimite. Sin saber qué destino reservarle y queriendo evitar todo riesgo de fuga, el gobierno decide aislarle en una habitación oscura, fría y sucia, sin siquiera derecho a la visita de sus celadores. Nace la leyenda del emparedamiento del niño; una versión reiteradamente usada por los monárquicos para denunciar la crueldad de los revolucionarios.

El pequeño Luis XVII

La historiografía actual matiza, no obstante, este aspecto. Para el historiador Maurice Garçon, en su libro “Louis XVII ou la fausse énigme”, el enclaustramiento no fue tal. Estudiando los planos  de la torre en la que se encontraba el heredero y contrastando los testimonios interrogados en 1815 (guardias, cocineros, lavanderas, obreros, etc.) llega a la conclusión de que el niño recibía visitas (para alimentar la estufa, encender la lámpara que había en la habitación, recoger la ropa). No eran ciertamente las condiciones de alojamiento ideales, pero, según Garçon, tampoco se trataba de condiciones inhumanas, como denunciaron algunos.

Las condiciones extremas o aceptables, no impidieron que el pequeño enfermara. Antes de que el médico –reclamado con urgencia– pudiera acudir, el pequeño Luis murió el día 8 de junio del 95 frente a sus vigilantes de turno.

Le Temple, donde estuvo encerrada la familia real

La autopsia, realizada al día siguiente, concluyó que el niño había fallecido a causa de “escrófulas existentes con anterioridad debido a las cuales debemos atribuir la muerte del niño”. En otras palabras, el infante fue víctima de tuberculosis ósea. Los médicos y guardias presentes certificaron igualmente la autenticidad de la identidad del niño; para nadie había dudas: quien había expirado era efectivamente el hijo de Luis Capet. Por mucho que pareciera obvio, al poco tiempo surgieron todo tipo de dudas sobre el destino real del sucesor al trono. Impostores varios se hicieron pasar por Luis XVII. Pero eso es otra historia que contaremos en otro momento.

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