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Goya y la condena eterna

Los Reyes Católicos crearon en Sevilla la Inquisición Española, en 1481. El objetivo era perseguir y castigar a los herejes.  Si en las primeras cinco décadas gozó de una intensa actividad, el siglo XVII correspondió a un periodo de declive. Las persecuciones, sobre todo de hacia los liberales y los afrancesados, se reanudaron en la época de la Revolución Francesa. Las Cortes de Cádiz abolieron el Santo Oficio en 1813, pero Fernando VII lo reinstauró dos años después. La supresión definitiva tuvo lugar en 1834.

Normalmente, los autos de fe tenían lugar en las plazas públicas, pero desde mediados del siglo XVIII los juicios se hicieron en privado.

Goya, como muchos Ilustrados, tuvo problemas con la Inquisición, a raíz de la Maja vestida y la Maja desnuda. Mediante este Auto de fe de la Inquisición el pintor quiso manifestar su rechazo a un instrumento que asociaba a las prácticas del Antiguo Régimen.

La pintura de Goya muestra una sala en la que se aglomera una multitud: escribanos, frailes de distintas órdenes, público que pierde en el fondo de la sala y los propios reos. Estos llevan la coroza, el cono alargado que llevaba pintadas alusiones a su delito o castigo. El sambenito, por otro lado, era el símbolo de su condena que quedaba después expuesto en la parroquia de la cual eran vecinos.

En la parte izquierda del cuadro, vemos al corregidor, cómodamente sentado y contemplando la escena con cierta placidez. En el centro de la composición, el gran inquisidor oficia su condena. La escena, de gran viveza aunque de colores sombríos, parece estar sucediendo ante nuestros ojos…

Los hechos aquí reflejados no se refieren a una escena presenciada por él mismo, sino que se inspiró en escenas del pasado. Su principal fuente pudo ser Juan Antonio Llorente, retratado por Goya en 1811 y autor de Historia de la Inquisición española. Llorente fue  secretario de la Inquisición de Corte desde 1789 a 1801; era sacerdote, doctor de derecho canónico, abogado por el Real y Supremo Consejo de Castilla, así como miembro de la Real Academia de Sagrados Cánones, Liturgia e Historia Eclesiástica de España. Declaró en público no haber nunca observado la castidad que su condición eclesiástica le imponía. En cuanto a tendencias políticas, fue un afrancesado que declaró su adhesión a José Bonaparte y mantuvo una postura crítica hacia la institución que él mismo había servido.

Si quieres saber más sobre Goya su vida, obra y talento, apúntate a la conferencia “Goya, de la inocencia a la sombra, de Jesús Morón el miércoles 21 de enero. ¡Hasta pronto!

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