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Los hombres nacen y permanecen libres, dicen…

En Francia, el 26 de agosto de 1789 la Asamblea Nacional constituyente vota los Derechos del Hombre y del Ciudadano, uno de los textos más decisivos de la Revolución Francesa.

Para su elaboración, los diputados se han inspirado de los grandes filósofos franceses e ingleses del siglo anterior (Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau…), así como de la Bill of Rights (1689) y del Habeas Corpus, establecidos durante la Gloriosa Revolución de los ingleses, y que asentaron las bases de la democracia parlamentaria moderna. Igualmente, el 4 de julio de 1776, los habitantes de las colonias inglesas de América habían proclamado su independencia en una Declaración que enunció por primera vez el “derecho a la felicidad”.

Derechos del Hombre y del Ciudadano, museo Carnavalet

Derechos del Hombre y del Ciudadano, museo Carnavalet

Con estos antecedentes y sobre estas bases, la Asamblea Nacional francesa redacta los 17 puntos de esta Carta.

La Declaración emplea el término “Hombre”, como un genérico que se refiere tanto a hombres como a mujeres (de hecho, las mujeres gozaron de ciertas libertades durante la Revolución, suprimidas posteriormente durante el mismo periodo, por ejemplo, los Clubs femeninos).

De igual modo, el texto no hace referencia a ninguna religión ni régimen político en particular. No cita al cristianismo ni al rey. El monarca se opone a su aprobación de todas las maneras posibles. Sin embargo, bajo la presión del pueblo parisino que acude a Versalles y de los diputados (entre ellos el noble liberal La Fayette) se ve forzado a ratificarla el 5 de octubre.

Marqués de La Fayette

Marqués de La Fayette

El primer artículo enuncia una declaración de intenciones evidentes: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales podrán basarse únicamente en la utilidad común”. ¿En qué lugar queda la figura del rey, colocado por la gracia de Dios?

Redactado tres años antes de la decapitación del monarca, podría interpretarse como un testamento de la monarquía o el acto de su defunción.

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¡Hasta pronto!

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