Sobre Cultura francesa

Mazarino, una fortuna sin límites

 “Qué estúpido es el hombre sin dinero”, solía afirmar Mazarino (1602-1661), Primer Ministro plenipotenciario en la corte francesa de Ana de Austria. Y ante el temor de caer en la miseria, amasó un inmenso capital.

Los ingresos provenían ante todo de sus cargos públicos. Era ministro y jefe del Consejo, máximo intendente de la Casa de la Reina, tutor del rey, gobernador de varias regiones y fortalezas, capitán de castillos, responsable de las Aguas y Bosques en varios puntos de la geografía.

Arduo trabajador, el jefe de gobierno manejaba paralelamente sus negocios privados. Terrateniente, ganadero, comerciante de cereales, minerales, especias, azúcar… Así como dueño de bosques y ciudades y armador. Amante del arte, su palacio en París era un despliegue de joyas, tapices, cuadros, alfombras y otros objetos valiosos. “Este hombre es insaciable”, exclamaba sorprendida la reina.

Poco antes de morir, quiso legar toda sus riquezas al joven Luis XIV; este la rechazó y Mazarino decidió repartirlas entre su familia. En una época en que las arcas públicas y privadas se confundían, el Cardenal supo aglutinar una de las mayores –sino la mayor- fortunas del Antiguo Régimen.

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