Pocos años antes de la llegada de El Greco a Toledo, la capitalidad se había traslado a Madrid. Los nobles y clase pudiente emprendieron entonces la modernización de Toledo para que recuperara el brillo de antaño. Para ello construyeron nuevos edificios, reorganizaron el espacio urbano y abastecieron de agua a la población.

 Los intelectuales, por su parte, reivindicaron la antigüedad de Toledo vinculándola a su pasado romano, a su privilegiada situación en el reino visigodo y a su fidelidad posterior a la Iglesia católica.

Este y otros detalles los descubrimos en la visita a Toledo, el sábado 8 de noviembre.

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