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 Y el hombre se hizo bípedo

El Homo se hizo bípedo. Esta nueva posición corporal podía constituir una ventaja en la sabana africana. En efecto, los homininis ganaban en altura, con lo cual, su vista se ampliaba. Además, las manos estaban libres y su estructura nerviosa le permitía llevar a cabo operaciones más delicadas, por ejemplo, la fabricación de herramientas. Pero, a la vez, había inconvenientes: el esqueleto y los músculos tenían que aguantar mucho peso. De hecho, los problemas de espalda aún hoy en día tienen que ver con la verticalidad. En el caso de las mujeres las caderas tenían que estar relativamente cerca (para nivelar), lo cual significaba que el canal de nacimiento también se estrechaba. Como consecuencia, la tasa de mortalidad en el parto se incrementó. La evolución natural aportó, sin embargo, el remedio. Las mujeres que daban a luz a seres con cabezas más grandes morían y terminaron por desaparecer.

A su vez, el menor tamaño cerebral al nacer tuvo repercusiones en la organización social. Para que el ser humano pudiese desarrollarse, se necesitaba una estructura humana (familia, grupo, tribu), que se hiciera cargo del desarrollo del individuo y de sus habilidades.

En el despliegue de capacidades, la comida jugó un papel fundamental. Debido a su frágil estructura, y en este sentido, los seres bípedos fueron muy vulnerables durante mucho tiempo, al encontrarse amenazados por animales de gran tamaño. Durante unos 2 millones de años nuestro ancestro se situó en la mitad de la cadena de alimentación: era cazador casi en la misma medida en que era presa. Se alimentaba entonces esencialmente de  fruta, de pequeños animales o de restos que dejaban otros de mayor tamaño. Por ejemplo, cuando los leones terminaban de comer dejaban los huesos. Nuestros antepasados comían lo que quedaba y solo ellos podían acceder gracias a su herramienta: partir el hueso y comer el meollo. Esta fue la especialidad del hombre por un largo período de la historia hasta que… se hizo la luz.

fotoMUSEO&Menú-evolución homo fuego

No se sabe exactamente cuándo pero sí sabemos que hace cerca de 300 000 años algunos humanos, como Neandertales y Homos sapiens, domesticaron el fuego y lo usaban en tareas cotidianas.

La llama fue un elemento esencial en la evolución ya que proporcionaba luz y calor o servía de arma contra los animales peligrosos. Se empleaba también para aclimatar el entorno, por ejemplo, quemar un bosque para recoger los animales muertos. Y, de inmensa importancia, gracias a él se podía cocinar. La cocción permitió acceder a alimentos que no se podían comer crudos (cereales, por ejemplo). Por otro lado, la temperatura mataba a los parásitos, lo cual provocaba una disminución de los riesgos de infección. Igualmente, el alimento cocido reducía el tiempo de masticación y tornaba la digestión más fácil (como dato, los chimpancés pasan unas 5 horas al día masticando).

Gracias a la masticación de alimentos cocidos los dientes disminuyeron de tamaño. Se  produjo igualmente un acortamiento del tracto digestivo. Varios especialistas establecen una relación entre último factor y el aumento del volumen del cerebro, argumentando que si el intestino se acorta el cerebro puede tomar más espacio.

Sobre todo, la domesticación de la lumbre marcó una línea divisoria clara, al distinguir definitivamente al hombre del animal. A título de ejemplo, las águilas usan el viento para moverse; sin embargo, no pueden controlar el uso de los vientos y sus corrientes. En otras palabras: el poder de los animales es proporcional al poder de su propio cuerpo.

En cambio, el hombre puede decidir cuándo encender un fuego y de qué manera usarlo.

Además, el alcance de esta arma no está relacionada con la fuerza de la persona que lo enciende –es independiente de su fuerza física. Una mujer, un niño o cualquiera, puede quemar un bosque completo.

No obstante, pese a este enorme avance, el homo no ocupaba aún el lugar más importante en la cadena alimenticia. Tendrán que venir otros cambios para situarse en primera posición.

Si te interesa saber más acerca de la historia de nuestros antepasados, su alimentación y evolución, apúntate a Museo & Menú. Consta de una visita guiada al Museo Arqueológico de Madrid, a mano de dos expertos, seguida de un Menú histórico en el que degustaremos platos, tal y como los comían nuestros lejanos parientes. Mándanos un mail y te diremos cuándo realizamos una nueva edición. ¡Hasta pronto!

(Fuente para este texto: A Brief History of Humankind, curso on-line del historiador Yuval Noah Harari).

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